Agrotóxicos: veneno y negocio




Cada vez más personas se ven afectadas por el uso de químicos en la producción agrícola. Se trata de sustancias químicas que se encuentran depositadas en los alimentos, y en la tierra, el agua y el aire de los pueblos que conviven con los cultivos. El agronegocio decide qué áreas se fumigan, y con ello, qué poblaciones se sacrifican.

Agroindustria es toda la cadena de producción y de manufacturación de productos agrícolas y ganaderos, con el fin de ser comercializados a gran escala. Es un sistema que piensa la producción agropecueria fundamentalmente para su comercialización nacional e internacional, y al su producto como una mercancía. Al día de hoy las exportaciones argentinas provienen principalmente del agro: entre un 20 y un 25 % de lo que la Argentina le vende al mundo surge en este sector.

Se trata de un sistema de producción impulsado en los años 90, estructurado principalmente en lo que comúnmente se denomina pooles de siembra: grupos de inversores que se asocian para arrendar y explotar grandes extensiones de tierra, contratar maquinaria de siembra, transporte, fumigación y cosecha de forma temporal. Para ello eligen el tipo de siembra más rentable y lo explotan al máximo, mientras la tierra produzca o hasta que otro producto se vuelva más rentable.

En Argentina, casi el 75% de tierras cultivadas están sembradas con soja: son cerca de 22 millones de hectáreas, alrededor de 55 millones de toneladas por año.

Entre los efectos más visibles de este sistema: siete empresas manejan más del 80% de lo que exporta el país; la situación atenta contra la economía local, desplazando a pequeños y medianos productores; con el paso del tiempo se deteriora la tierra, ya que el monocultivo requiere desmonte y produce desertificación.

En un tipo de agricultura que ve al producto como una mercancía, lo importante es la competitividad del producto. De ello deriva directamente el interés en el uso de plaguicidas, de fumigación indiscriminada y venenosa, la destrucción de la tierra y de las poblaciones en áreas fumigadas, y finalmente la proliferación de productos transgénicos: se necesita modificar genéticamente a la soja -y otros productos - para que soporte desde las inclemencias climáticas hasta los mismos plaguicidas que se aplican.  Entre 2004 y 2014 se han aprobado 24 eventos transgénicos.



Entrevistamos a Adriana Arach coordinadora de la "Campaña Nacional No Transgénicos”


Todos estos inversores, propietarios, arrendatarios y empresas están agrupadas en la mesa de enlace, lo que mediáticamente se ha llamado "El Campo", y que representa los intereses del sector, en diálogo con el Estado. La mesa de enlace no incluye a pequeños productores, a movimientos de campesinos ni a pueblos originarios.

Nos enfrentamos a una perspectiva agropecuaria que no se interesa en producir alimentos, sino commodities: bienes para ser comercializados, para competir a nivel internacional; una perspectiva que no busca producir de forma segura, respetando la herencia cultural de los productores y la tierra, sino que apunta siempre al rédito; y por último y como consecuencia, se trata de una forma de pensar la producción en la que no importa que las generaciones futuras también puedan servirse de la tierra para producir sus alimentos: el agronegocio no busca la sustentabilidad, no respeta la tierra ni respeta la vida.

Las luchas contra este sistema productivo no son ya luchas socio - ambientales, o ecologistas, sino que son luchas políticas, económicas, geopolíticas y por la vida. Algunos de los avances en este sentido los plantea la nueva Ley de recuperación histórica de la agricultura familiar, en la que se plantea un sistema de créditos y subsidios para el acceso a la tierra, la promoción del uso de semillas y técnicas criollas y la creación de mercados para que circulen los productos provenientes de la agricultura familiar. En el mismo sentido se destacan los debates que se comenzaron a llevar a cabo en el Senado Nacional y en la legislatura de la provincia de Entre Ríos, en torno a la regulación del uso de agrotóxicos.


 


Alcira Susana Argumedo, socióloga, política y docente habla de ésta situación.

Pero ante todo es el pueblo el que debe tomar las nuevas herramientas y hacerlas propias, y defender sus derechos: un pueblo consciente que lucha por sus derechos, es un pueblo sano.
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