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martes, 7 de mayo de 2019

Dibujarla

Leo Fusero nos trae la columna semanal de Economía en Cartón: Detrás del Humo del Choripan, con un amplio análisis del contorno político argentino.


Evidenciando su sociedad económica y política con el gobierno de Macri, los medios masivos han intentado comunicar a la sociedad como resultados positivos los que en verdad son desastres económicos. Con titulares como “Marzo fue malo, pero el primer trimestre cerró con superávit” (Diario La Voz, 23 de Abril), “El superávit primario del primer trimestre anticipa una sustancial reducción del gasto en 2019” (Clarín, 23 de Abril), o “Por primera vez en siete años, la Argentina tuvo superávit fiscal primario en el primer trimestre” (TN, 22 de Abril) los medios inducen a pensar que la economía va mejorando, que se empiezan a ver los frutos del sacrificio social que el chamán amarillo ofrece en el altar de los mercados, y que tiene razón cuando dice “Es por acá”. Reducir gastos y tener superávit suena positivo al sentido común, y ese sentido común es reforzado gracias a estos anuncios. Incluir la cifra del superávit,  de $10.000 millones, aumenta la sensación de bienestar del lector, ya que es “mucha plata ahorrada”. Si no fueran falaces, les indicarían a sus lectores que ese superávit, esa cuenta, se hace dejando de lado los intereses de la deuda nacional. Suman gastos e ingresos, pero dejan afuera los “costos financieros”. Si se incluyen los gastos financieros, o sea los intereses que se pagan por deuda, el déficit llega a $125.000 millones, doce veces el supuesto superávit conseguido “yendo por acá”. El otro dato a agregar, es que en el mismo trimestre del año pasado, el pago de intereses fue la mitad del actual. Para hacer un paralelismo, es como que un técnico de fútbol anuncie “hemos ganado 9 partidos del campeonato”, sin informar que el campeonato tiene 60 partidos y que en el campeonato anterior el mismo técnico ganó 18. En el caso del fútbol, si un técnico hiciera semejante declaración, sería expulsado del club inmediatamente. Pero en la realidad paralela macri-mediática, lo que es un desastre se anuncia como refuerzo positivo de la gestión. A modo de ejemplo para estudiantes de periodismo, la noticia escrita en clave real debería llevar por título “Nos cagamos de hambre pero pagamos”, con una bajada que podría informar que “se duplicaron los intereses de la deuda, pero hemos conseguido pagarlos gracias a que estamos asesinando de hambre a jubilados, hipotecando el futuro de nuestros hijos, cerrando hospitales, escuelas, nos matamos en rutas destruidas, no tenemos medicamentos y comemos poco o nada”. 

Lo grave de estos anuncios es que tienen parte de verdad. Es cierto que el Estado tuvo superávit, pero primario. Es cierto que la balanza comercial mejora, pero porque no importamos nada y la industria está muerta. Es cierto que hay menos cortes de electricidad, pero porque ninguna máquina está trabajando en ninguna fábrica. Los enunciados que solo informan una parte de la verdad, no están mintiendo, están falseando la realidad. Y hay una diferencia fundamental entre mentir y falsear. La mentira no tiene encarnadura. No tiene nada a que aferrarse. No tiene datos duros. Contrastada con la realidad, se desvanece. Puede ser refutada. La falsedad no. Cuando un actor político falsea un dato (el superávit fiscal), al decirlo, fuerza la verdad. Al enunciarlo, induce a que ese dato sea creído como cierto por miles de personas que no pueden contrastarlo con la verdad. La mentira tiene como objetivo el engaño, el convencer a otro de algo que no es. Confundir tiene como objetivo desempoderar, desarmar, poner en letargo al otro y evitar cualquier reacción. La falsedad tiene como objetivo confundir, no convencer. Lo falso tiene la potencia de poder ser verdadero, siempre que el receptor quiera, aspire a que lo sea. Lo apócrifo tiene datos, tiene de que sostenerse, y es justamente esa parte de verdad la que provoca la confusión. Por eso el poder no miente, falsea. Porque lo que busca es confundir, embriagar, mientras hace lo que tiene que hacer, seguir saqueando. El lenguaje muerto de los diarios puede haber nacido muerto, pero tiene efectos sobre la vida real. La mentira muere al ser contrastada, la falsedad no. Tiene una sobrevida. Lo falso es la forma evolutiva superior de lo mentiroso.

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