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miércoles, 22 de mayo de 2019

Enlatados

Leo Fusero nos trae la columna semanal de Economía en Cartón: Detrás del Humo del Choripan, con un amplio análisis del contorno político argentino.



La nave macrista parece encallar definitivamente en términos políticos, pero si se la piensa en términos económicos, ya se ha hundido. En solo 24 días, el Banco Central se dilapidó U$S 10.848 millones de dólares, lo que equivale al último desembolso del FMI. En menos de un mes, el Banco Central perdió lo mismo que gasta la Provincia de Buenos Aires en todo un año de salarios de todo su personal. La sangría de fondos que el país no podrá repagar y la deuda que condicionará las políticas que el futuro gobierno quiera desarrollar no se detiene, quizás justamente porque a mayor fuga de capital, mayor ganancia de los amigos Pro y mayores condiciones se le podrán imponer al gobierno entrante. Solo así como puede entenderse que la administración amarilla continúe con el asalto a mano armada de la riqueza nacional, en complicidad con el FMI.

Que este esquema es solo para favorecer negocios del círculo rojo lo demuestra la presentación de balances que las empresas hicieron en la bolsa de comercio y que informa el Instituto Argentino del Mercado de Capitales. En el 2018, donde la población sufrió una devaluación de más del 100%, la mayor inflación en 27 años, recesión económica, pérdida de 200.000 puestos de trabajo y caída del salario real del 20%, hubo grandes ganadores. La empresa que más dinero ganó en 2018 es Cablevisión Holding, gracias a los beneficios obtenidos por su fusión con Telecom, fusión aprobada como gesto de amor de Macri hacia Clarín. La siguen YPF y Central Puerto. Central Puerto es una empresa de generación eléctrica perteneciente a Bemberg, ex dueño de Cervecerías Quilmes, y a Nicolás Caputo, el amigo del alma presidencial, cuyas ganancias extraordinarias tienen fuente en los tarifazos avalados y promovidos por Macri. En cuarto lugar está Banco Macro, de la familia Brito, que debe sus ganancias a la tasa de interés sideral que le pagaron las Lebacs y las Leliqs, que hoy roza la astronómica suma del 74% anual ahogando cualquier posibilidad de financiación del capital de trabajo a la economía real. El Macro comparte la fuente de ganancias con el quinto puesto de la lista, Banco Galicia, propiedad de la familia Escasany, Ayerza y Braum, donde fue jefe de economistas Nicolás Dujovne hasta que Macri lo designó ministro de economía. Escasany, a su vez, es accionista de Central Puerto. El ranking de las empresas que más perdieron lo lidera Molinos, el mayor productor de alimentos del país, y TGLP, una desarrolladora inmobiliaria. El origen de sus pérdidas es evidente al constatar que la Argentina perdió en 2018 el liderazgo regional que supo mantener por más de 15 años como el país con  el salario mínimo mas alto de Latinoamérica, pasando en un solo año del primer puesto al octavo, por detrás de Paraguay, Bolivia y Perú. La caída de salario implica que la población no tiene dinero para pagarse la comida (Molinos) y mucho menos para construirse una casa o comprarla. 

Es bajo estas condiciones de desastre económico interno, con una población sin capacidad de comprar con su salario lo mínimo para subsistir y con una deuda impagable, que el próximo gobierno, sea del signo que fuese, tomará el poder político. Condicionado en lo interior por una bomba a punto de estallar por hambre, y en lo externo por una deuda impagable con un mundo hostil que ya no tiene Lulas ni Chavez en el horizonte,  el fierro caliente deberá enfriarse de a poco para que no se rompa. La experiencia amarilla dejó bien en claro que los grupos locales no tienen ningún empacho en vender como sardinas enlatadas a la población con tal de multiplicar sus ganancias. Para los mandamás del poder real, no somos más que fuentes de ingresos cuando pueden expoliarnos, o multitudes que arruinan el paisaje, cuando protestamos. Ellos no son como nosotros, y nosotros nunca seremos ellos. Votarlos fue un error, caro, que algunos advertimos, y otros festejaron, por tontos.

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