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martes, 24 de septiembre de 2019

DollarPallooza

Leo Fusero nos trae la columna semanal de Economía en Cartón: Detrás del Humo del Choripan, con un amplio análisis del contorno político argentino.



El festival de cuatro años de endeudamiento feroz, fuga de capital, tasas de interés astronómicas y deterioro general de las condiciones de vida de las grandes mayorías se va acabando. Los grandes ganadores del modelo de acumulación financiera ven el final desde lejos, ya que escaparon hace más de un año, al mismo tiempo en que el peor equipo de los futuros cincuenta años se hincaba ante el sensible FMI suplicándole que le cubriera las espaldas antes de que todo volara a la mierda. Después de que doce millones de votos cortaran en julianas el futuro político del jefe amarillo, sus laderos, secuaces, buscavidas estatales y choriplaneros de doble apellido comienzan a emigrar hacia costas más seguras donde no los alcance la sombra del eclipsado mental que llegó a Presidente solo para demostrar que papá tenía razón y que es un inútil. El apoyo del carioca piromaniaco y del mandamás global de epidermis naranja no pudo remontar la cuesta y el proyecto hegemónico de la derecha tradicional argentina muestra rasgos suicidas al intentar medidas de corte populista tan lejanas a su ideología como Andrómeda. Las consecuencias de este viraje ideológico de corto plazo se comienzan a sentir más allá de la General Paz, ya que a su situación fiscal deteriorada por la recesión y la consecuente caída de la recaudación de Ingresos Brutos que representa el 80% de sus ingresos propios, las provincias sintieron el mazazo de Macri al bajarles $ 30.000 millones de pesos la coparticipación de impuestos gracias a sus modificaciones electorales sobre Ganancias e IVA a los alimentos. Para el caso de Tucumán el recorte representa un mes completo de salarios estatales. No contento con esta demostración peñalozana de federalismo, el gobierno nacional defaulteó títulos en pesos que poseían las provincias por un monto cercano a U$S 1.248 millones que también eran utilizados para pagar salarios. En su conjunto, las provincias deben US$ 12.300 millones, deuda que ven multiplicarse a medida que el dólar escala y que suma presión a los presupuestos provinciales, misma presión que comienzan a sentir sus gobiernos en las calles.  

La elección a nivel nacional y provincial está sentenciada, lo cual hace innecesario que Fernández siga yirando por cuanto medio de comunicación opositor exista, donde periodistas con alta dosis de Fantino en sangre le exigen a viva voz que muestre su carnet de kirchnerista portador sano. La idea de que será posible mantener los dos pies en el plato en un país arrasado económica y moralmente choca de frente con el sentido común, eso que Gramsci identificaba como un magma de tipificaciones confusas. El dólar barato, anhelo cívico de la clase media aspiracional, será solo una leyenda de los buenos viejos menemistas tiempos, ya que abastecer de dólares baratos para que parejitas de enamorados se retraten en playas caribeñas de arenas blancas generando la envidia de primas y amistades al mismo tiempo que paga intereses usurarios de la deuda externa; auxiliar a la mitad de la población con necesidades urgentes de alimentación sin modificar los sacrosantos derechos de propiedad de los dueños del campo; modificar el régimen de tributos para sostener medidas de promoción industrial sin que un Juez de primera instancia de Villa del Ojete lo declare inconstitucional y poder comunicar a la población con eficacia la necesidad de cambios rotundos en la estructura macroeconómica argentina sin que Clarín inmediatamente adjetive dichas políticas como chavistas-populistas-violatoriasdelalibertaddeexpresión será una tarea imposible. No se puede mantener con vida a tiburones y mojarritas en un océano de dos centímetros de profundidad. A Fernández le queda la ingrata tarea de decidir si se apoya en sus votantes para modificar al menos una parte de la estructura económica argentina, o rogarle a Jesús que lo ampare, ya que Dios parece muy ocupado últimamente y se sabe que milagros para todos no hay. 

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